Japón

Guia completa de Japón con niños

Japón con niños.

Viajar a Japón siempre es un sueño, pero hacerlo con un niño de 5 años durante el mes de agosto impone respeto. Tras recorrer el país desde los rascacielos de Tokio hasta las playas paradisíacas de Miyakojima, podemos confirmar que es un destino fascinante para las familias.

Si estáis pensando en dar el salto, aquí tenéis nuestra ruta exacta, dónde nos alojamos, un desglose de logística económica y nuestros mejores consejos para sobrevivir (y disfrutar) del verano japonés.

Agosto en Japón es sinónimo de mucho calor y humedad, además de ser época de posibles tifones. Sin embargo, la clave está en la planificación:

Madrugones estratégicos: Para visitar lugares clave como el bosque de bambú de Arashiyama o Fushimi Inari, la clave es estar allí después del amanecer (sobre las 06:00 o 07:00 de la mañana) para evitar tanto las multitudes como las peores horas de sol.

Planes «Anti-Tifón»: Siempre hay que tener un plan B bajo techo. En Tokio, nuestras alternativas a salvo de la lluvia fueron centros comerciales como Nakano Broadway, Takashimaya Times Square o With Harajuku, aunque finalmente no tuvimos lluvia en Tokio y no tuvimos que tirar de ello.

Gestionar el dinero en Japón ha cambiado mucho y el efectivo ya no es el único rey, aunque sigue siendo necesario. Esta fue nuestra estrategia financiera:

  • Efectivo: Sacamos dinero en los cajeros de 7-Eleven (7-Bank) utilizando nuestras tarjetas Revolut. El límite sin comisión es de 200€ por tarjeta, por lo que sacamos un total de 400€ en efectivo para pequeños gastos. PPTX
  • Pagos con tarjeta: Para el resto de pagos, utilizamos la tarjeta N26 (que tiene un 1,7% de comisión), vinculándola a la app de Disney, utilizándola para recargar la tarjeta de transporte digital Suica y para pagar los peajes de las autopistas.

Tener internet en el móvil en Japón no es un capricho, es supervivencia pura. Lo vais a necesitar cada minuto para calcular rutas exactas en Google Maps o para traducir etiquetas de comida y botones del váter con la cámara del traductor.

Nosotros siempre viajamos con las eSIM de Holafly. Sinceramente, para nosotros son los mejores. Es una comodidad absoluta: lo configuras escaneando un código QR antes de salir de casa y, en el instante en el que el avión toca tierra en Narita, ya tienes datos ilimitados. Durante los 24 días tuvimos una cobertura impecable, tanto en las profundidades del metro de Tokio como conduciendo por las montañas de Izu o en las playas de Miyakojima.

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Viajar a 10.000 kilómetros de casa con un niño pequeño requiere tener las espaldas cubiertas. La sanidad en Japón es de primer nivel, pero es extremadamente cara para los extranjeros. Un simple resfriado por los cambios bruscos de temperatura de los aires acondicionados puede costaros un susto enorme.

Nosotros colaboramos y viajamos siempre asegurados con Heymondo. Para este viaje de casi un mes, el seguro familiar nos costó unos 154€ en total. Es un gasto ínfimo si lo comparas con la tranquilidad de saber que, ante cualquier torcedura, fiebre o imprevisto logístico, tienes asistencia médica 24/7 en español a través de su aplicación, sin tener que adelantar ni un solo yen de tu bolsillo.

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El transporte en Japón asusta al principio, pero es supereficiente. Como haremos un post específico detallando nuestra logística de traslados, aquí os dejamos un resumen de las opciones que combinamos para movernos de la forma más cómoda posible en familia:

  • Billetes sueltos (Adiós, JR Pass): Tras la tremenda subida de precio del famoso pase, a nosotros no nos compensaba en absoluto. Solo cogimos el tren bala (Shinkansen) para ir de Atami a Kioto, y posteriormente otro tren de Kioto a Osaka. Comprar esos billetes sueltos nos ahorró muchísimo dinero.
  • La magia de la Suica en el móvil: Para el día a día (metro, trenes locales y pagos rápidos), llevábamos la tarjeta virtual Suica integrada en el Apple Wallet. Pasar los tornos simplemente acercando el móvil, sin tener que comprar billetes de papel mientras coges al niño de la mano, es un lujo absoluto.
  • Coche de alquiler (Libertad total): Nos dio la vida. Alquilar coche en la zona de Hakone, en la salvaje Península de Izu y posteriormente en la isla de Miyakojima nos permitió ir a nuestro propio ritmo, hacer las paradas que Carlos necesitaba y llegar a playas increíbles donde el transporte público no alcanza. Ampliaremos este tema en otro post.
  • Taxis en momentos estratégicos: Aunque el transporte público es excelente, a veces hay que comprar tiempo y descanso. Coger un taxi desde el aeropuerto hasta el hotel tras 14 horas de vuelo, o un Uber de madrugada para llegar descansados a Fushimi Inari, os salvarán de un agotamiento innecesario.

Dividimos nuestro viaje combinando la intensidad de las ciudades, la magia de Disney, la naturaleza en coche de alquiler y el paraíso tropical. Nuestra Ruta de 21 Noches: El Resumen Etapa por Etapa

Para que os hagáis una idea global del viaje, aquí tenéis el esqueleto de nuestra aventura. Más adelante iremos desglosando cada una de estas etapas en artículos dedicados con todos los detalles, horarios y consejos.

Fijamos nuestra base en el vibrante barrio de Shinjuku (Kabukicho), a pocos metros de la famosa cabeza de Godzilla. Fue nuestro primer contacto con el ritmo frenético, los neones y la adaptación al país.

¿Qué hicimos?

  • Alucinamos caminando descalzos por las obras de arte inmersivo del TeamLabs Planets.
  • Saludamos al robot Gundam gigante y jugamos en el Lego Center de Odaiba.
  • Cruzamos el famoso paso de peatones de Shibuya y saludamos a Hachiko.
  • Disfrutamos de la magia del Museo Ghibli (Mitaka) y paseamos por el bosque del Templo Meiji.

Dos días de pura magia y de madrugones militares (5:30 am), alojados en el Mystays Maihama a las puertas de los parques para aprovechar cada minuto. Ambos dias estuvimos en la cola a las 06:00 Am

¿Qué hicimos?

  • Exprimimos DisneySea, volando con Peter Pan y alucinando con el show nocturno Believe! Sea of Dreams.
  • En Disneyland, entramos al impresionante castillo de la Bella y la Bestia y disfrutamos del espectáculo Mickey’s Magical Music World.

Alquilamos un coche (imprescindible llevar el carnet internacional) para adentrarnos en la naturaleza y tener nuestro primer momento de pausa tradicional.

¿Qué hicimos?

  • Bordeamos el precioso Lago Ashi en coche.
  • Nos hicimos la foto de rigor en el emblemático Torii de la Paz semisumergido en el agua.
  • Disfrutamos de la cultura termal alojándonos en un hotel tradicional con Onsen en Hakone.

Continuamos la ruta en coche huyendo del turismo masivo hacia la costa. Fue una etapa mucho más salvaje y rural, llena de sorpresas.

¿Qué hicimos?

  • Madrugamos muchísimo para ver el Fuji desde la famosa Pagoda Chureito.
  • Disfrutamos de las playas de arena blanca de Shirahama y alquilamos un paipo para nuestro pequeño.
  • Vimos los espectaculares fuegos artificiales del Festival Anjin sobre el mar en Ito.

Dejamos el coche y subimos al tren bala (Shinkansen) enviando las maletas por adelantado. Bienvenidos al corazón histórico y tradicional de Japón.

¿Qué hicimos?

  • Cruzamos los miles de toriis rojos de Fushimi Inari al amanecer (6:00 am).
  • Nos perdimos por el Bosque de Bambú de Arashiyama.
  • Llevamos al peque al Uzumasa Kyoto Village, un parque temático de ninjas y samuráis y allí alquilamos un kimono.

A un paso en tren desde Kioto, cambiamos los templos por la energía eléctrica, el ambiente canalla y la mejor comida callejera del país.

¿Qué hicimos?

  • Alucinamos con los carteles luminosos gigantes del canal de Dotonbori.
  • Paseamos por los jardines y exteriores del Castillo de Osaka.
  • Cenamos en el retro-futurista barrio de Shinsekai y curioseamos por el Kuromon Market.

Cogimos un vuelo interno (1h desde Osaka) para poner el broche de oro al viaje en unas islas tropicales que nada tienen que envidiar al Caribe.

¿Qué hicimos?

  • Volvimos a alquilar coche para explorar las mejores playas de la isla (Yonaha, Sunayama, Shigira).
  • Hicimos snorkel en aguas cristalinas.
  • Vistamos el mirador submarino y vimos una serpiente marina.

Volamos de regreso a la capital y nos alojamos en la zona de Asakusabashi para hacer las últimas visitas y rematar las compras antes del vuelo a Madrid.

¿Qué hicimos?

  • Visitamos el legendario Kodokan, la cuna mundial del judo.
  • Vimos amanecer casi a solas en el imponente Templo Senso-ji (Asakusa).
  • Vaciamos las tiendas de electrónica y coleccionismo en las calles de Akihabara.

Japón es uno de los países más seguros y limpios del mundo, lo que ya elimina gran parte del estrés de viajar en familia. Sin embargo, el choque cultural, las barreras del idioma y las distancias pueden imponer. Aquí os dejamos nuestros trucos infalibles para que el viaje fluya:

Imaginad navegar por la estación de Shinjuku (la más transitada del mundo) con un niño de 5 años de la mano, esquivando a miles de oficinistas, mientras arrastráis tres maletas enormes. Suena a pesadilla, ¿verdad? La solución es el servicio de envío de equipaje (Ta-Q-Bin). Por unos 16€ por maleta, las enviábamos de un hotel a otro (de Tokio a Izu, de Izu a Kioto…). Así hacíamos los trayectos largos en tren bala solo con una mochila pequeña.

Para mantener a un niño motivado durante las largas caminatas o las esperas en las estaciones, Japón nos lo pone muy fácil:

  • La libreta de los sellos (Eki Stamp): Llevamos una libreta de sellos desde España. Casi todas las estaciones de tren, templos y atracciones tienen un sello de tinta gigante con un diseño único del lugar. Buscar la mesa del sello se convirtió en el «juego» oficial del viaje.
  • El poder del Gashapon: Las maquinitas de bolas con juguetes están por todas partes. Nosotros usábamos las monedas de 100 yenes sobrantes como pequeño premio al final del día si las caminatas habían sido muy duras.

Vencer al verano: El Jinbei y las máquinas expendedoras

Viajar en agosto implica lidiar con calor y muchísima humedad.

  • El Jinbei: Es la ropa tradicional japonesa de verano (pantalón corto y chaqueta cruzada de algodón transpirable). Le compramos uno a Carlos en zara antes de ir; es fresquísimo, comodísimo para ellos y hace que las fotos en los templos y los festivales de Bon Odori queden espectaculares.
  • Hidratación a cada paso: No hace falta cargar con litros de agua en la mochila. Hay máquinas expendedoras (Jidohanbaiki) literalmente en cada esquina, incluso en mitad de la montaña o en templos remotos, con agua fría, zumos y té por apenas 1€.

Aunque nosotros llevábamos el reto extra de buscar opciones ovolactovegetarianas (esquivando el famoso caldo de pescado o dashi), los supermercados 24 horas (7-Eleven, Lawson, FamilyMart) nos salvaron la vida. Si el peque tiene hambre a deshora o no le gusta la comida del restaurante, en un konbini siempre encontraréis sándwiches de huevo espectaculares, onigiris (bolas de arroz), fruta cortada, edamame fresco y dulces. Y para los más golosos, en los festivales de verano (Matsuris) triunfan los plátanos con chocolate y las manzanas caramelizadas en los puestos callejeros.

Uno de los grandes miedos al viajar con niños pequeños es el momento «mamá/papá, tengo pis» en mitad de la calle. En Japón esto es una maravilla. Hay baños públicos gratuitos, limpísimos y súper equipados en todas las estaciones, parques y centros comerciales. Muchos cuentan con asientos especiales para dejar al bebé sujeto mientras los padres usan el baño, lavabos a su altura y salas de lactancia espectaculares.

La sobreestimulación en Japón es real. Las luces, la música de las tiendas, los carteles gigantes… todo llama su atención. Es fundamental alternar el caos divertido de zonas como Akihabara o Dotonbori, con planes donde puedan correr al aire libre, como el inmenso parque Yoyogi, las playas salvajes de Izu o los bosques alrededor del santuario Shimogamo en Kioto.

¡Rotundamente sí! A los 5 años muchos niños ya no lo usan en su día a día en España, pero en un viaje a Japón la media diaria de caminata se dispara. Teniendo en cuenta los madrugones que nos dábamos (a las 5:00 am para Disney o para ver templos sin gente), el carrito literalmente nos salvó la vida para las siestas.

Eso sí, venid mentalizados de que requiere un extra de paciencia. Moverse por las inmensas estaciones de metro a veces implica dar grandes rodeos para encontrar los ascensores. Además, el comercio en Japón crece hacia arriba; ir de compras por los estrechos pasillos de un Don Quijote o por las tiendas de electrónica de Akihabara (que suelen tener 6 o 7 plantas) os obligará a esperar a menudo por ascensores diminutos. Aún con todo, la comodidad de que Carlos pudiera dormir y descansar sus piernas compensa cualquier inconveniente.

Hasta aquí la Guia completa de Japón con niños.

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